Mecanismo de la visión, visión central y periférica

 La percepción es la síntesis resultante de una serie de procesos entre los que cabe destacar la información y sensaciones recibidas a través de los sentidos, las experiencias vividas, la propia personalidad un sentido difuso de lo que esperamos y pedimos de la vida y todas esas expectativas personales.

La visión es la capacidad de interpretar la información y el entorno de los efectos de la luz visible (efecto óptico) que llega al ojo.  Los distintos componentes fisiológicos involucrados en ésta se refieren conjuntamente como el sistema visual, y son la base de mucha investigación enpsicología, ciencia cognitiva, neurociencia y biología molecular.

La percepción visual es un proceso activo con el cual el cerebro puede transformar la información lumínica captada por el ojo en una recreación de la realidad externa.

Así, el estímulo pertenece al mundo exterior y produce un primer efecto en la cadena del conocimiento.

Cada uno de estos sectores del cerebro tiene información almacenada de todo lo que experimentamos y conocemos, guardando una sección para los colores, otra para información de una textura determinada o forma y así con cada uno de todos los detalles que determinan la identidad de algo o alguien. También existen otras áreas del cerebro ―llamadas de asociación― que unen todos estos datos que tenemos a nuestra disposición para que podamos diferenciar todas las imágenes que el cerebro procesa.

Cuando la luz entra en el ojo, pasa por la córnea, la pupila y el cristalino y al final llega a la retina, en donde la energía electromagnética de la luz se convierte en impulsos nerviosos que interpreta el cerebro.

 El ojo convierte la luz en una imagen que se transforma en impulsos nerviosos y que interpreta el cerebro.

Cuando los datos ingresan desde el ojo coinciden con la información que tenemos guardada en las áreas asociativas… ¡Bingo!

En ese momento reconocemos y sabemos lo que estamos viendo ya que nuestra conciencia (el darnos cuenta de lo que pasa) tiene acceso a esta parte del cerebro (aunque pocas veces estamos conscientes de lo que estamos viendo ya que mayormente funcionamos en “automático”).

La visión central y la periférica

La retina, que es la capa más interna del ojo, es la principal responsable de la percepción visual. Es fina, transparente y está formada por millones de células fotorreceptoras, conocidas como conos y bastones.

Los conos se concentran en la “mácula”, la parte central de la retina, y necesitan mucha luz para ser estimulados. Y es en la mácula donde funciona la “visión central”, que nos permite ver los colores, principalmente el rojo y amarillo, y los detalles finos. Los bastones, por su parte, se ubican en las zonas más externas de la retina, donde trabaja la “visión periférica”. Y si bien es cierto que no sirven para detectar los colores, estas células fotorreceptoras tienen un umbral de excitación mucho más bajo, siendo mucho más sensibles a la luz que los conos. La visión periférica es menos aguda que la central, pero es la que nos permite ver durante la noche, o con niveles bajísimos de luz (es muy utilizada por los astrónomos: a la hora de observar un objeto muy pálido, no miran directamente al blanco, sino ligeramente hacia un lado. Así, la luz “pega” en los bastones –más sensibles– y no en los conos, un truco que suele marcar la diferencia entre ver y no ver)

 

Cuando hablamos de ángulo de visión, generalmente nos referimos al ángulo que abarcamos con nuestra vista horizontalmente, donde el ojo humano puede llegar a alcanzar una visión de más de 180º.  Tanto los humanos como la mayoría de los animales, contamos con dos ojos con los que obtenemos con ambos lo que se llama una visión binocular. Con cada ojo de forma independiente podemos ver unos 150º-160º, pero nos ayudamos de los dos ojos para poder obtener un mayor campo de visión que puede llegar hasta los 180º.

Con ayuda de la visión que nos aporta cada ojo, nuestro cerebro transforma ambas imágenes creando una única imagen más clara y nítida que es lo que se llama la visión binocular, una zona donde se solapa la visión separada de cada ojo, obteniendo una única imagen mejorada, lo que se conoce como visión tridimensional. Fuera del rango de esta visión conjunta, tendríamos la visión periférica que veríamos con el ojo derecho y la visión periférica que nos aportaría el ojo izquierdo, que es lo que nos lleva a un aumento del ángulo de visión que vemos en conjunto los humanos.

Cuando vamos conduciendo un coche, nuestra visión frontal binocular se reduce conforme aumenta la velocidad del vehículo, es lo que se conoce como el efecto túnel. Este efecto provoca que al tener una visión central más reducida al aumentar la velocidad del coche, perdamos detalles durante la conducción como peatones que puedan acercarse lateralmente, semáforos o cualquier señal de tráfico. Por esta razón, existen los límites de velocidad, y que paliarán los defectos de nuestra visión en según las zonas por las que conduzcamos.

Hay una analogía, y una relación, directa entre la visión central y el pensamiento consciente y entre la visión periférica y el mundo del inconsciente y el subconsciente.
Cuando queremos comprender algo focalizando en él tanto nuestra visión central como nuestro pensamiento consciente y lineal intentamos recabar, procesar y clasificar datos del objeto. Este pensamiento y forma de mirar los objetos absolutamente lineal (de hecho es el origen de nuestra concepción del tiempo) se asemeja a como si para conocer todo lo que hay dentro de una habitación a oscuras fuésemos enfocando con una linterna por todas partes y anotando mentalmente lo que vemos hasta hacernos una idea mental del contenido global. A través de la visión periférica llegamos a la noción de realidad a través de un proceso global en la que todo está relacionado y nosotros formamos parte inseparable de ello. Es por ello que el diseñador gráfico tiene que prestar más atención a la visión periférica, ya que es un comunicador visual.